La dama de la justicia

La dama de la justicia

No importa que esté labrado en madera, bronce, plata y hasta oro. Como si fueran los estadios del hombre de que nos hablaba Platón.

Otras veces, la contemplamos en majestuosas esculturas, incorporadas a los edificios. Muchas veces, la observamos en el papel. Algunos, cuando protestan, la llevan consigo. Como si ese signo, símbolo o imagen atrajera un poder mágico, sobrenatural, al cual recurrimos todos en algún momento de nuestra vida terrenal y que tendremos enfrente cuando muramos.

Y pienso, cada vez que la veo, que tiene poderes sobre nuestra psiquis. La asociamos con un estadio de justicia, de igualdad, de verdad, de orden. Es un arcano en todo orden: político, social y cósmico.

Me refiero a la Dama de la Justicia. Este símbolo, esta imagen utilizada por abogados, jueces y órganos de administración de justicia expresa una fuerza moral de sabiduría. ¿Quién es? ¿Qué es? ¿De dónde viene? ¿Que representa? ¿Por qué su balanza? ¿Qué pesa? ¿Y cómo pesa?

La Dama de la Justicia tiene sus orígenes en la diosa egipcia Maat, que era la diosa de la justicia, la verdad y el orden. Ella, en el juicio de Osiris, otra deidad egipcia, aparece con su balanza para pesar (sopesar), en dos platos, un corazón y una pluma de avestruz.

En el “Libro de los muertos”, sabiduría plena egipcia, la representación del juicio de Osiris (que no es más ni menos que el juicio final al que todos estaremos sometidos según el cristianismo) consistía en que Anubis, dios de la muerte, pesaba los corazones de aquellos que habían muerto para determinar si sus almas deberían ir al más allá o, por el contrario, si eran encontradas sin suficiente peso, deberían ser devoradas por Ammyt,  la “devoradora de los muertos” o “devoradora de corazones”. Solo devoraba el corazón si el alma del difunto era culpable. Si no lo era, era recompensado con la vida eterna.

El corazón de un difunto significaba los sentimientos, pensamientos, la memoria, la inteligencia, la conciencia, el valor de quien tuvo en vida ese corazón. Para que pudiera ser considerado “justo de voz”, el corazón y la pluma debían ser igual de ligeros. Si el corazón pesaba más que la pluma, era considerado impuro, Ammyt lo devoraba y a la persona juzgada no se le concedía entrar en el Aaru, perdía su condición de inmortal y perecía definitivamente.

Los griegos la adoptaron a través de la diosa Themis, quien encarnaba el orden divino, el derecho y las buenas costumbres. Themis fue una de las deidades que estaban tras el oráculo de Delfos, que recibió de Gea y le dio a Febe. Su hija Dike, hija también de  Zeus, era enemiga de todas las falsedades y se acercaba al trono de su padre cada vez que un juez violaba la justicia. Protectora de la sabia administración, odiaba todas las falsedades. Pero, también, recompensaba con su espada la virtud.

La equivalente romana de la helénica Themis, como la personificación del derecho divino de la ley, fue Iustitia. Sus orígenes están en las abstracciones civiles de la forma de pensar romana más que en la mitología arcaica, por lo que intentar comparaciones no resulta lógico.

Representada como una mujer impasible, Iusticia lleva una balanza y una cornucopia. Aparece  vendada como  iconografía esculpida a la entrada de muchos de los tribunales y es la pieza de decoración que vemos por doquier, con una espada de dos filos levantada. Sin embargo, todo esto ha hecho que se pierda el verdadero sentido de la Dama de la Justicia, sus orígenes y su significado.

Es interesante observar que ninguna de esas diosas que dieron origen a Iusticia estaba vendada: ni Maat, ni Themis, ni Dike. De hecho, Iusticia no aparece vendada en Roma.

Fue hasta el siglo XV que algún artista, al hacer alguna estatua, se le ocurrió vendar a la diosa (qué atrevimiento irrespetuoso) y se representó modernamente no ya como la doncella, sino como la mujer vendada con una balanza y una espada, que representa poder.  Así, tenemos a la Dama de la Justicia ciega, por lo que se dice que representa la imparcialidad de la administración de justicia.

Hay algunos sitios en Berna, en Frankfurt, en Japón, en la Republica Checa y en los Estados Unidos que conservan la verdadera figura de Themis. Será porque la justicia no puede ser ciega y debe ver a quién se la está aplicando, tener noción del sujeto, pesar su corazón y saber si es virtuoso o no.

Carlos Isidro Echeverría
CENTRAL LAW Costa Rica

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